PRÓLOGO
“Todas
las familias felices se
parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera.”
No
recuerdo la temporada ni el rival. Sí puedo asegurar que el duelo
era decisivo, pues en la lucha por eludir el descenso todos los
partidos por aquel entonces lo eran. En los días previos Carlos me
hizo una llamada para confirmar que yo fuera a jugar ese sábado.
“Confirmar” es un eufemismo, una manera de hablar, porque en
realidad, cuando notó que yo titubeaba en mi respuesta, amenazar y
coaccionar son verbos que se ajustan más a la verdad.
-
Pero Carlos, estoy aquí en Torrevieja, y me he quedado sin coche. Se me ha jodido, mecagoenlaputa, y lo tengo en taller.
-
¿Y no hay autobuses a Murcia?
-
El primero es a las 9, y el partido es a las 10. Llegaría a la segunda parte como mucho…
En
la mesa de mi escritorio tengo un cartelito que mandé hacer, y que
siempre me indica en caso de duda cómo proceder ante cualquier
encrucijada de la vida: “¿Cómo lo haría Zomeño?” reza el
cartel. Sin poder evitarlo, en ese instante imaginé que en una
situación así, Zomeño con dos mendrugos de pan y una botella con
agua de lluvia, se echaría su macuto a la espalda, se pondría
piedras en los zapatos y saldría silbando a las dos de la mañana
dirección a Maristas. Carlos interrumpió…
-
Paso a recogerte.
-
¿A la estación?
-
A Torrevieja. Estate listo. (Cuelga)
Joder,
me sentía la chica más popular del instituto y el capitán del
equipo de fútbol americano iba a pasar a buscarme para ir al baile. A
estas alturas, ya no podría decir si mis padres sonrientes y
agarrados de la cintura se despidieron de nosotros desde la puerta de
casa, pero aún hoy recuerdo la emoción adolescente que sentí
cuando vi aparecer puntual su melena plateada por mi calle.
PAUSA
PUBLICITARIA:
para los que futbolísticamente sólo conocéis al pequeño de los
Pera, el parecido nuestro en la cancha es el mismo que el de los
hermanos Rivera en la plaza de toros: Cayetano y Kiko, digo. También
en aquella época, además, la equipación nos sentaba como a ambos
hermanos el traje de luces. FIN
DE LA PAUSA
Esto
ha sido lo más parecido a un chárter que haya fletado Semen-Up en
su historia, y había un solo pasajero: yo. Tenía que corresponder
con hechos.
Del
regreso a Torrevieja
poco que contar… silencio, desolación, abatimiento. Durante el
viaje miré tímidamente un par de veces a Carlos que con la boca
seca y los ojos vidriosos mantenía la vista fija más allá de la
carretera. A la altura de Santomera me alegré de que no me
abandonase en el arcén al pasar por una gasolinera, y celebré casi
como un triunfo que cerca de San isidro no me dejara a la orilla de
una rotonda con una silla plegable y una sombrilla. Poco después,
con un par de movimientos vagos, redujo la velocidad, echó el freno
de mano, y musitando un par de palabras ininteligibles nos despedimos
burocráticamente.
Me
lo imagino ya en la soledad del camino de vuelta rompiendo el volante
a golpes, maldiciendo y gritando histéricamente al más puro estilo
Butch.
Este
podría ser el desenlace de una bonita historia que demuestra que
para El Capitán la liga de Maristas es más que una cuestión de
vida o muerte, pero lo cierto es que sólo se trata del prólogo sin
el cual no se entienden los acontecimientos psicomágicos, que se
precipitaron incontroladamente en los años posteriores:
BASADO
EN HECHOS REALES
“Por
respeto a los vivos se han cambiado los nombres de los protagonistas;
por respeto a los ausentes se ha contado todo tal y como ocurrió”
CP11
entendió ese día al arrancarse de la piel la camiseta sudorosa con
el 11 que lleva tatuado, que esto era demasiado incluso para alguien
como él. ¡ÉL había llenado teatros! había firmado colas de
autógrafos, había puesto el cartel de no hay billetes en Las Vegas
más veces que el puto Frank Sinatra, se había codeado con lo mejor
y también con lo más peligroso. Ahora, a duras penas, conseguía
congregar a una decena de ancianos en el hogar del jubilado de
Chinchón. Y lo cierto es que él era feliz a su manera. Le gustaba
tomar cerveza con los muchachos después de cada partido. Cada sábado
el mismo ritual, cada maldita temporada el mismo guion. Lucharía por
no bajar al lodazal de segunda, se embarraría si fuera necesario,
pero a veces no podía evitar recordar con una sonrisa nostálgica
los viejos tiempos de gloria, portadas y flashes…
Roto
por el cansancio, esa misma noche la princesa se meció en un dulce
sueño: dormía en la cámara de palacio, ésa de pesadas cortinas
rojas de terciopelo, cuando de la nada se apareció un enanito que
burlonamente daba saltitos hacia adelante y atrás, e igualmente
hablaba de un modo parecido.
El
enanito de cuento le dijo a CP11 que podría concederle un deseo, y
desde luego no le fue nada difícil decidirse:
-
Ganar la puta liga de Maristas otra vez.
El
enanito de piernas fuertes le dijo que eso estaba hecho, pero con una
única condición: que cuando llegara el momento, y él así se lo
haría saber, debería entregarle los trofeos de pichichi y mejor
jugador.
-
¡¡Eso no!! ¡¡NOO!! ¡Mi pichichi no! Nooo…
El
enanito dio una fuerte patada en el suelo, y desapareció.
El
sueño continuó plácidamente haciendo repaso a los momentos
estelares de su carrera, con posterior tertulia y análisis por parte
de periodistas y entendidos. De la lejanía y cada vez con más
insistencia comenzó a escuchar una voz que con acento murciano le
enviaba notas de audio una tras otra:
-
Carloh, Carloh, ven a jugar con nosotroh, con nosotroh, para siempre, para siempre…
Carlos
se despertó sorprendentemente alegre a la mañana. Besó a su mujer
y a sus hijos. Les deseo un feliz día, y ellos extrañados se
miraron. “¡Qué raro! Papá, nunca nos prepara el desayuno cuando
ha perdido el día anterior”.
A
la noche siguiente la princesita volvió a soñar con el enanito, y
esta vez sí cerraron el trato según lo dispuesto.
Al
cabo del tiempo, el suficiente para que Carlos hubiera olvidado por
completo el sueño, Serapio se presentó un día: “Hey, Carlos. Mi
mujer me ha dado permiso para aparecer en este prólogo. Y mira, ven
que te presento a dos amigos del Cabezo que quieren jugar con
nosotros en el equipo, creo que podrán encajar. Aquí están:”
FIN
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